Antigüedades halladas en los vaciados. Relicarios
Durante siglos se muestran innumerables los ejemplos de antigüedades realizadas por artesanos de cualquier especialidad (grabadores, carpinteros, escultores, plateros…) que se inspiran en lo religioso. Son incontables las piezas antiguas creadas para conservar, y también venerar, restos mortales. Objetos que en su día pertenecieron o se relacionaron de alguna forma con Jesús, los apóstoles y otros santos.
Los relicarios son objetos de culto desde el judaísmo. Los relatos evangélicos relatan ya las persecuciones y martirios sufridos, y las distintas prácticas para mantener vivo el recuerdo de los que perdieron su vida en la defensa de su fe.
Inicialmente son las propias tumbas los lugares de celebración y recuerdo de los caídos. Posteriormente, se desplazan a los altares de los templos, donde se conservan y acumulan las reliquias y antigüedades.
En las iglesias se exponen también estas piezas consideradas divinas para despertar y fomentar la espiritualidad de los fieles. Se dedican recursos, humanos y materiales, a engalanar las urnas y los distintos receptáculos de restos de huesos. También distintas partes corpóreas, tejidos utilizados y otros elementos.
Creencias
Era una creencia extendida que la proximidad y el contacto con estos objetos «santos» tuvieran toda suerte de beneficios para el alma. Se pensaba de ellos que podían curar enfermedades, atraer la virtud y obrar milagros. Eso hace que muchos creyentes los lleven consigo y tengan un lugar relevante en sus propias prácticas funerarias.
En la liturgia, los fieles solían llevar esponjas o paños empapados en la sangre de los mártires. A su vez, guardaban las propias sábanas mortuorias. No era poco habitual recoger el aceite de las lámparas de la estancia e incluso el polvo de las catacumbas.
Podían recoger también cualesquiera de los instrumentos utilizados para su tortura y martirio, como son las cruces, cadenas o clavos empleados. Posteriormente se solía venerar el lugar donde habían fallecido, construyendo basílicas y santuarios en su honor.
Este tipo de objetos alcanzaban en ocasiones un enorme valor, y se llegaban a pagar grandes cantidades por ellos. Incluso se generaban disputas entre las distintas ciudades por conseguirlos. Éstas eran conscientes de que su posesión les garantizaba visitantes de otras ciudades y los ingresos que ello conllevaba.
Los primeros restos objeto de devoción católica fueron los de San Esteban, lapidado a las afueras de Jerusalén. Distintas disposiciones papales determinaron que todas las iglesias debían contener al menos una reliquia en su altar. Posteriormente, en el año 787 el Vaticano relativiza su uso y las denomina como un objeto más de la práctica religiosa.
Todo ese interés a lo largo de los años hace que algunos comiencen a falsificar este tipo de objetos. Debido a que era prácticamente imposible determinar la autenticidad de los mismos. Eso hace que desde la propia Iglesia se exija la aprobación papal para la veneración. Aunque ello no detiene el comercio y la aparición de coleccionistas.
Tipos de relicarios
Pueden incluir urnas y receptáculos de todo tipo realizados con diversos materiales. Pasan a formar parte de la ornamentación de palacios y residencias, valorándose mucho más que las joyas y otros tipos de antigüedades.
Gracias a la imaginación de artistas de diferentes especialidades, se adaptaban con diferentes materiales a los gustos imperantes en cada momento. Plateros y joyeros eran quienes se llevaban la mayor parte de los encargos.
Se usan diversos materiales como oro, plata, piedras preciosas, marfil, sedas, bronce, ébano, etc. Para elaborar diseños de antigüedades con formas variadas : estatuas, cúpulas, fanales, tableros, cálices, cofres, o libros.
Evolución
Debido a la dificultad de encontrar reliquias auténticas, el concepto evoluciona hasta englobar un conjunto de artículos de adorno personal. Catalogados como antigüedades, embellecidos en torno a un objeto religioso como una pintura sobre cobre y papel, un vidrio policromado, una estampa, un esmalte, una litografía, un grabado en madera iluminado a mano o una figurilla labrada.
Sin embargo, el relicario más purista y conocido como antigüedad es un medallón plano (oval, de diseño corazón, rectangular, octogonal, circular, triangular…) con asa, una o dos ventanas transparentes y un marco para sostener el cristal.
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